En el siguiente artículo exploraremos cómo la soledad en adultos tiene un impacto relevante sobre la salud tanto física como psicológica. Existen estrategias que pueden ayudar a mitigarla y facilitar de ese modo el bienestar.
Introducción: la soledad en adultos como emergencia global.
La soledad no deseada es un problema global que afecta a una de cada seis personas en el mundo. Tras la pandemia de COVID-19, la OMS declaró en 2024 que el aislamiento social es una emergencia global para la salud pública.
Contrariamente a lo que se piensa, la soledad no es simplemente un sentimiento pasajero. Es un factor de riesgo que tiene implicaciones en la salud mental y física. Eso sí, en este caso estamos hablando de soledad no deseada, ya que se puede vivir en soledad sin que tenga este impacto. Más adelante profundizaremos en este concepto, abordaremos el impacto de la soledad en adultos y qué estrategias basadas en la investigación científica podrían mitigar sus efectos negativos.
La epidemia de la soledad
Los números que hablan
La prevalencia mundial del sentimiento de soledad es de 1 de cada 6 personas, según la OMS, aunque si valoramos el asilamiento social 1 de cada 3 personas mayores y 1 de cada 4 adolescentes están aislados. El sentimiento de soledad no deseada está asociada a 871.000 fallecimientos, relacionándose con problemas cardiovasculares, trastornos depresivos y riesgo de demencia, entre otros.
La COVID-19 tuvo un impacto muy relevante sobre la soledad, intensificando el aislamiento. El grupo que se ha visto más afectado en los últimos años es el de los jóvenes (13-29 años), aumentando los niveles de soledad percibida (alrededor del 20% mencionan sentirse solos), siendo más alta entre los adolescentes.
La soledad afecta de la misma manera tanto a mujeres como a hombres, pero se informa de mayor soledad en países de menores ingresos respecto a los de mayor capacidad económica (24% vs. 11%).
Factores que influyen en la soledad

Existen varios factores que pueden repercutir en aislamiento social y en la soledad. Entre ellos, están el uso poco saludable de las tecnologías digitales, las transiciones de una etapa a otra en la vida (como mudarse, comenzar otro trabajo, rupturas, jubilación, etc.), debilidad en las estructuras comunitarias (ej. sentir que el vecindario es inseguro, desconexión con los vecinos), vivir solo, tener unos niveles inferiores de educación o ingresos económicos, la marginación o una salud deteriorada.
Aspectos como las características personales (timidez, ansiedad social) también contribuyen a que les sea más difícil entablar relaciones o integrarse en grupos, conllevando mayor aislamiento. Las personas más extrovertidas suelen informar de menor sensación de soledad.
El impacto de la soledad en adultos
Las implicaciones sobre la salud mental
“La soledad no es solo un sentimiento emocional; a largo plazo puede tener efectos devastadores para la salud mental, cognitiva, física y emocional.” — OMS (2024)
La soledad en adultos se ha asociado a múltiples problemas de salud mental. Por ejemplo, las personas solas tienen entre dos y tres veces más riesgo de desarrollar depresión. La ansiedad también correlaciona con mayor percepción de soledad, así como una mayor soledad percibida aumenta la probabilidad de desarrollar demencia o acelerar el declive cognitivo en funciones ejecutivas y memoria episódica en personas mayores.
También se ha asociado a una activación sostenida de sistemas relacionados con el estrés: el eje HPA aumentando crónicamente el cortisol, la inflamación sistémica de bajo grado relacionada con el sistema inmune, mayor presión arterial y aumento de la frecuencia cardíaca en el sistema cardiovascular y fragmentación del sueño y disminución del sueño profundo.
El efecto sobre la salud física
Los riesgos físicos asociados a la soledad en adultos (teniendo en cuenta solo la soledad no deseada y crónica), se vincula a más de mortalidad debido a enfermedades cardiovasculares, a mayor incidencia de hipertensión y a la diabetes tipo 2.
Otras condiciones médicas relacionadas son el deterioro inmunológico, al disminuir la respuesta inmunitaria un 20%, así como la muerte prematura debido a la fragilidad de la salud.
Soledad vs. Aislamiento social: una diferencia clave.
Uno de los aspectos fundamentales a diferenciar es la soledad y el aislamiento social. En primer lugar, el aislamientos social es la cantidad objetiva de conexiones sociales que tiene la persona. Esta es una variable objetiva que podemos medir. Si hay aislamiento, quiere decir que hay un número bajo de contactos sociales.
Por contra, tenemos la soledad, que es el sentimiento o la experiencia subjetiva de desconexión, aunque también puede hacer referencia a no poder tener las interacciones sociales que se desearía (como por ejemplo, no poder ver a los amigos con suficiente frecuencia).
En este segundo concepto, puede haber discrepancia entre las relaciones deseadas y las que se tienen en realidad. El sentimiento es subjetivo, pero doloroso. Hay personas aisladas que pueden no sentirse solas, mientras que otras personas con muchos contactos pueden sentir una soledad significativa.
Estrategias basadas en la evidencia: ¿qué podemos hacer?
La soledad en adultos no se puede abordar desde una única área. Están implicados múltiples factores, tanto físicos, como psicológicos y sociales. Por ese motivo, las intervenciones serán multisistémicas, desde programas sociales, pasando por implementar tecnologías de nueva generación como intervenciones psicológicas y comunitarias.
Programas sociales
Algunos países están adoptando políticas estratégicas para reducir la soledad y facilitar la conexión social. En este caso son estrategias de desarrollo a largo plazo, de forma sistematizada. Se recomiendan campañas de concienciación, la reducción del estigma y la discriminación, el involucrar a personas que hayan vivido esa soledad y aportar fondos económicos para la investigación.
También se pueden ofrecer prescripciones sociales como la participación en grupos comunitarios, actividades de voluntariado u otras actividades grupales que favorezcan la conexión social.
Intervenciones tecnológicas
A pesar de que estas tecnologías requieren de más estudios para tener la certeza de que tienen el mismo efecto que otras intervenciones, se pueden utilizar para tratar de reducir la soledad, sobre todo en caso de personas que no tienen la posibilidad de salir de casa.
Entre ellas están las videollamadas regulares, la cual puede reducir la sensación de soledad en personas mayores, aunque requiere de conocimiento digital. También existen aplicaciones que facilitan la conexión con la comunidad, con la desventaja de que debe estar moderada por personas y tiene riesgo de ser superficial la conexión que se establece. Se debe tener en cuenta que vínculos a través de redes sociales, por ejemplo, pueden resultar demasiado superficiales, por lo que pueden aumentar la sensación de soledad.
Otra opción relacionada con la tecnología es la psicología online. La terapia cognitivo conductual es eficaz para tratarla, aunque no puede sustituir el contacto presencial.
Terapia psicológica para la soledad en adultos
En ocasiones, la soledad puede estar relacionada con patrones de pensamiento negativo, con dificultades para el manejo de las emociones u otros aspectos más psicológicos. La terapia cognitivo conductual (TCC) ha mostrado eficacia cambiando estos patrones de pensamiento así como en el manejo de emociones. También otras estrategias como la conciencia plena o la mejora de las habilidades sociales pueden ser útiles.
Estas técnicas han mostrado buenos resultados reduciendo la soledad y mejorando la salud mental.
¿Qué puedo hacer de manera individual si me siento solo?
Como hemos visto a lo largo de este artículo, la soledad no es un problema exclusivamente individual, sino que es una crisis pública global y hay factores sistémicos que hacen más probable el aislamiento y por ende la soledad. Eso quiere decir que no solo depende de lo que puedes hacer tú.
No obstante, el primer paso para modificar aquellos aspectos que dependen de ti es intentar identificar y entender aquello que te afecta y que se puede cambiar. Intenta llevar un registro de cuántas interacciones significativas (que han sido importantes para ti) has tenido en las últimas semanas.
Anota cómo te sentiste, si tuvo consecuencias para ti agradables, influyendo positivamente en tu estado de ánimo o no. Intenta identificar cuándo te sientes más solo, si, por ejemplo, se da más cuando estás solo un fin de semana o cuando te has pasado un rato largo con las redes sociales. Anota también qué pensamientos aparecen en esos momentos para valorar si están influyendo en tu estado emocional.
Si estás muy aislado y las interacciones que tienes habitualmente son escasas, comienza por exponerte brevemente en situaciones cotidianas, como el intercambiar un breve saludo con un vecino o preguntarle a alguna persona de tu trabajo cómo está y qué tal le ha ido el fin de semana. Al intentar crear esta interacción voluntaria, es muy poco probable que haya una reacción negativa por parte de la otra persona y puede facilitarte exponerte a la posibilidad de interacciones significativas a lo largo de los días.
Otra opción es recuperar relaciones perdidas o reforzar las ya existentes. En ocasiones esas relaciones están ahí presentes y las hemos pasado por alto. Puede que quieras conocer a alguien mejor, alguien que ya conoces pero no de manera profunda. Se puede intentar tener una reunión presencial, yendo a tomar un café o dando un paseo.
Si tienes una conversación con la persona, puedes aportar información sobre ti no solo superficial, sino también significativa. No significa que tengas que compartir en exceso, pero aportar información auténtica propia, como por ejemplo cuáles son tus objetivos, qué piensas sobre aspectos relevantes de tu vida o qué te ha afectado últimamente, puede facilitar el vínculo.
Finalmente, identifica alguna actividad que puedas compartir con otras personas y trata de participar en una que pueda crear nuevas relaciones. ¿Cuáles son tus aficiones? Busca información sobre actividades grupales relacionadas con estas aficiones. Puede ser un voluntariado, un deporte grupal, club de lectura o cine, senderismo, etc. Cualquier actividad en la que interactúes con otras personas podría servir.
Conclusión: la soledad es mucho más que una simple emoción.
La soledad no deseada es mucho más que una emoción desagradable: representa una crisis de salud pública global con consecuencias mensurables para la esperanza de vida y la calidad de vida de millones de adultos. La evidencia científica demuestra que:
- La prevalencia es alarmante: 1 de cada 6 personas experimenta soledad crónica.
- Los riesgos son graves: enfermedades cardiovasculares, demencia, depresión y muerte prematura.
- Existen soluciones: estrategias basadas en evidencia como la prescripción social, TCC y programas comunitarios han demostrado eficacia.
- Las políticas importan: Países como Finlandia, Japón y España han reconocido la soledad como problema de salud pública e integrado estrategias nacionales.
Combatir la soledad requiere un enfoque multisectorial que combine intervención clínica, apoyo comunitario y políticas públicas. No solo depende de ti, pero puedes comenzar a cambiar aquellas cosas que sí dependen de ti.
📚 Referencias
- Organización Mundial de la Salud (OMS). (2024). Soledad y aislamiento: la amenaza oculta para la salud mundial. https://www.who.int/es/news-room/commentaries/detail/loneliness-and-isolation-the-hidden-threat-to-global-health-we-can-no-longer-ignore
- SoledadES. (2024). Nuestra epidemia de soledad y aislamiento. https://www.soledades.es/estudios/nuestra-epidemia-de-soledad-y-aislamiento
- Deutsche Welle (DW). (2024). OMS: la soledad afecta a una de cada 6 personas y está ligada a 871.000 muertes anuales. https://www.dw.com/es/oms-la-soledad-afecta-a-una-de-cada-6-personas-y-está-ligada-a-871000-muertes-anuales/a-73092203
- Reachlink. (2024). La epidemia de la soledad: por qué hoy en día cuesta tanto conectar con los demás. https://www.reachlink.com/es/consejos/soledad/la-epidemia-de-la-soledad-por-que-hoy-en-dia-cuesta-tanto-conectar-con-los-demas
- Comisión de la OMS sobre Conexión Social. (2025). Informe sobre la epidemia de soledad y aislamiento social. https://www.who.int/commission-social-connection
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