En este blog hablaremos sobre cómo regañar a los niños de forma constructiva. Para eso, primero tenemos que entender, por qué desobedecen los niños, cómo solemos reaccionar los adultos a su desobediencia y por qué es tan importante ponerles límites y regañarlos de forma constructiva.

Para poder regañar a los niños de forma constructiva, hay que entender por qué desobedecen

Es importante saber que todos los niños desobedecen en mayor o menor medida. Nacen sin saber que en este mundo existen límites y reglas. Tienen que aprender que no siempre pueden hacer lo que quieren. Los adultos tenemos que enseñarles los límites, mostrarles reglas y regañarles de forma constructiva cuando no las cumplen.

Los límites son fundamentales y dan seguridad a los niños. Les ayudan a respetar a los demás y convertrise en personas responsables y autosuficientes. Mediante los límites entienden que no siempre pueden hacer lo que quieren. Aprenden a tolerar pequeñas frustraciones y superar dificultades de la vida, pudiendo regular sus emociones.

Todo eso es una valiosa lección que les servirá como adultos. Tenemos que entender que regañar a los niños de forma constructiva es muy importante para su desarrollo.

Cuál es la mejor manera de comportarse como padre para regañar a los niños

Para poder regañar a nuestros hijos de forma constructiva, es importante darnos cuenta de cómo les educamos. Los padres suelen utilizar diferentes estilos a la hora de educar. Estos estilos han sido estudiados por diferentes autores y los han clasificado en diferentes categorías. Aquí nos centraremos en la clasificación de Diana Baumrind, una de las más elaboradas y conocidas.

Los padres no suelen educar siempre de la misma manera, se adaptan al niño y a su desarrollo, pero podemos observar una tendencia en su manera de educar.

Estilos educativos que utilizan los padres y las madres

Existe el estilo autoritario, en el cual los padres que educan a sus hijos de esta manera consideran que la obediencia es básica y usan más el castigo que otras formas de educar. Sus normas son muy rígidas y no suelen dialogar mucho con los hijos. Con eso, intentan influir y controlar el comportamiento de sus hijos.

Los niños que han sido educados sobre todo con un estilo autoritario, son más propensos a tener baja autonomía y no suelen confiar en ellos mismos. Desarrollan menos capacidades sociales, son más agresivos e impulsivos.  

Por otro lado, los padres que utilizan un estilo permisivo para educar, permiten que sus hijos hagan lo que quieran, toleran todos sus impulsos. No siempre son capaces de marcar límites. Son flexibles con sus normas y suelen acceder fácilmente a los deseos de los niños.

Cómo consecuencia los niños suelen ser más dependientes y maduran menos. Tienen poco autocontrol y respetan poco las normas.

Los padres que utilizan un estilo democrático para educar, utilizan el razonamiento y la negociación. Tienen una comunicación abierta y bidireccional con el niño. Manifiestan afecto y son sensibles ante las necesidades del niño. Le explican sus decisiones educativas.

No simplemente mandan y imponen, como lo hacen los padres que utilizan el estilo autoritario. Intentan promover las conductas deseables en los niños y utilizan el castigo de manera razonable. Esto fomenta las competencias sociales en el niño. Suelen tener más autoestima y más autocontrol. Son niños más maduros y responsables y existen menos conflictos entre los padres y los hijos.

Si queremos regañar a los niños de forma constructiva deberíamos tener en cuenta este último estilo.

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Cómo regañar a los niños de forma constructiva

1. Consideraciones generales

Cuando des órdenes a tu hijo, hazlo siempre de manera clara y precisa. Después de dar la orden espérate unos 5-10 segundos. No repites la misma orden varias veces, tampoco des más que una orden a la vez.

Si tu hijo no cumple tu orden o se comporta mal, sé claro y dile exactamente qué ha hecho mal. Procura no utilizar explicaciones vagas, ni generalizaciones cómo: “siempre haces lo mismo…” o “nunca aprenderás…”. No le regañes desde otra habitación, siéntate a su lado y explícale lo que ha hecho mal.

Intenta evitar pedirle comportamientos intermedios («trata de ordenar tu habitación»), sino pedirle conductas específicas: «Haz los deberes antes de jugar a la consola». Céntrate más en lo que debe hacer que en lo que tiene que dejar de hacer.

Ayúdale a entender por qué se ha comportado mal. Si quiere puede explicarte sus razones. Ayúdale a buscar soluciones y prevenir en un futuro la misma situación.

No tomes su comportamiento cómo personal. No se ha comportado mal para hacerte daño. Es un niño que está aprendiendo lo que está bien y lo que está mal.

No te olvides de reforzarle (abrazos, elogios…) cuando hace algo bien. Dile que estás muy contento/a. Así le motivarás para repetir su comportamiento y será más probable que lo haga otra vez.

2. Tono de voz calmado y agradable

Intenta usar siempre un tono de voz calmado y agradable. No le grites ni le insultes para que te haga caso. Si notas que estás muy enfadado/a y la situación lo permite, tómate un minuto para calmarte y luego regaña a tu hijo.

Si tu hijo está enfadado o tiene una rabieta, no ayuda que tú reacciones de la misma manera. Tu reacción es una lección para tu hijo sobre cómo responder frente a conflictos.

3. Dar explicaciones para regañar de forma constructiva

Es bueno dar explicaciones a los niños y decirles por qué está mal lo que ha hecho. Estas explicaciones no tienen que ser muy largas, ni tampoco tienes que dar una justificación siempre. No tiene que saber el motivo para cualquier cosa que le pides.

Pero puedes explicar a tu hijo, por ejemplo, que es necesario lavarse los dientes porque los restos de la comida pueden dañarles. Si ya lo sabe, no tienes que repetírselo cada vez que le pides que se lave los dientes.

4. Aplicar consecuencias

Si tu hijo ha hecho algo mal, le regañas y le explicas por qué está mal y sigue sin hacerte caso, no repitas muchas veces lo mismo, aplica consecuencias a su comportamiento.

Es importante que comprenda que él es el responsable de sus actos, que hay unos límites y por eso también tiene que asumir consecuencias. De este modo le ayudas a convertirse en un adulto responsable que asuma las consecuencias de sus actos.

Las consecuencias que aplicas deben ser proporcionales a lo que ha hecho. Si, por ejemplo, no ha hecho una tarea en casa que habéis quedado en que lo haría, podría ser una consecuencia proporcional el darle otra pequeña tarea adicional (similar o igual) que tiene que realizar.

Pero si lo dejas una semana sin videojuegos, probablemente será una consecuencia demasiado grave. Las consecuencias siempre deben ser no violentas y nunca cuestionar el vínculo entre tu hijo y tú.

Si le dices que su conducta tendrá una consecuencia, cumple esta consecuencia siempre. También es importante que entienda que no eres tú quien le quita un beneficio (por ejemplo, los videojuegos), sino que es una consecuencia a lo que ha hecho.

Si aprende que lo que hace tiene consecuencias, se fortalecerá su sentido de responsabilidad y aprenderá a controlar sus impulsos.

5. Separa la conducta de su personalidad

No relaciones lo que ha hecho mal tu hijo con su personalidad. Por ejemplo, en vez de decirle: “¡Qué malo eres! Siempre le quitas los juguetes a tu hermano,” podrías decirle: “no está bien quitarle el juguete a tu hermano, tienes que preguntarle si te lo deja.” Así le indicas que lo que ha hecho no está bien, pero sin decirle que él es “malo”.

Para poner otro ejemplo, es mejor decirle que recoja su habitación porque está desordenada en vez de decirle que recoja su habitación porque él es un desordenado. Si separas la conducta de la personalidad, ayudarás a tu hijo a cambiar esas conductas.

6. Hablar de las emociones

Para los niños es importante aprender que hablar sobre las emociones es bueno. Como adulto, puedes ser un modelo para ellos y aprenderán de esta manera que las emociones se pueden expresar de forma respetuosa con la otra persona. Puedes decir a tu hijo, por ejemplo, que te has enfadado porque ha pasado con los zapatos sucios por donde acabas de limpiar.

Siempre es bueno que vean que nosotros también nos enfadaos, nos entristecemos, tenemos miedo o nos alegramos. Pero lo importante aquí es que vea que tú manejas bien tus emociones, que luego se te pasa esa emoción y no te acaba desbordando.

Referencias

1. Larroy García, C., Gavino, A., Espuelas, J., & Larroy García, C. (2016). La desobediencia del niño que se hace el sordo: mucho más que un cuento para disfrutar ayudando a nuestros hijos. Piramide.

2. Romero, E. (2016). EmPeCemos. Madrid: TEA.

3. Torío López, S., Peña Calvo, J., & Rodríguez Menéndez, M. (2008). Estilos educativos parentales. Revisión bibliográfica y reformulación teórica. Ediciones Universidad De Salamanca20, 151-178.

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