¿Te ha sucedido el hecho de sentir mucho miedo ante un análisis de sangre e incluso marearte? El miedo a la sangre o hematofobia es una fobia muy común en la población general. Aunque la hematofobia tiene similitudes con otras fobias, existe una diferencia muy importante que es la que provoca que la persona pueda marearse o incluso a desmayarse al ver sangre.

¿Qué es la hematofobia o miedo a la sangre?

La hematofobia o fobia a la sangre es un miedo excesivo que provoca la evitación de situaciones en las que se vea implicada la sangre, inyecciones o heridas. La ansiedad producida por esta fobia conlleva evitar estos objetos y situaciones por el temor a experimentar un desmayo.

Como otras fobias, existen características compartidas como los comportamientos de evitación y los pensamientos anticipatorios negativos («no lo voy a poder afrontar», «si me desmayo haré el ridículo», «no se me irá nunca», etc.). Aun así, la característica principal de la hematofobia es la respuesta física del organismo y es la que la diferencia de otras fobias.

¿Por qué me desmayo al ver sangre?

Esta respuesta se da en dos fases diferenciadas. En la primera se da un aumento de la presión arterial, el ritmo cardíaco y la respiración, para luego seguir con una segunda fase de disminución brusca de la presión sanguínea y el ritmo cardíaco. Esta caída brusca puede desembocar en mareos y desmayo en última instancia. Aunque esta es la teoría más aceptada, no está avalada del todo por los datos y aún no se sabe exactamente las causas de estas reacciones.

El miedo a la sangre puede llevar a evitar cuestiones importantes como pueden ser intervenciones médicas, análisis de sangre u otras situaciones de relevancia que tengan relación con la sangre. A pesar de que puede influir de esta manera significativa en la vida de la persona, no es una fobia que se suela ver como incapacitante. Esto ocasiona que no se busque tratamiento adecuado para poder superar el temor.

El temor a la sangre suele aparecer en la infancia y también suele haber antecedentes familiares. Aunque la fobia a la sangre no remite espontáneamente, existen tratamientos eficaces para poder mejorar la sintomatología que presente.

¿Cómo perder el miedo a la sangre?

La hematofobia tiene como referencia dos técnicas que han demostrado su eficacia en su tratamiento si se combinan ambas. Una de ellas es la exposición al objeto temido o a situaciones relacionadas que generen ansiedad y por otro lado la tensión aplicada.

Actualmente, en algunos estudios se cuestiona la necesidad de combinar ambas y se valora el efecto de la mejora como resultado de la exposición (2). De momento, se siguen utilizando de forma combinada como primera elección en los tratamientos para la hematofobia.

En primer lugar, la exposición es un proceso que se desarrolla para que la persona se habitúe a estímulos que le producen ansiedad. Esta reacción de alarma va disminuyendo poco a poco a medida que se logra persistir ante la exposición a la sangre o estímulos relacionados. Las situaciones o estímulos a los que exponerse variarán en función de la persona y se suele hacer de forma gradual.

A modo de ejemplo, hay personas que primero necesitarán poder hablar sobre una operación médica si esta situación ya les produce malestar con solo pensarlo o ver una jeringuilla si solo con su visión ya aparece una ansiedad relativamente moderada. Otras personas, por el contrario, serán capaces de exponerse directamente a un análisis de sangre o estímulos más intensos. Estas situaciones se deben ir valorando y afrontando en función del grado de ansiedad que provocan y adecuándolas a cada caso.

En segundo lugar, mientras se hace la exposición, es necesario combinarla con la tensión aplicada para mantener el ritmo cardíaco normalizado y evitar el desmayo. Esto se realiza aprendiendo a tensar cuando se notan las sensaciones previas al desmayo. Estas sensaciones pueden ser de inestabilidad, debilidad, mareo u otras que la persona detecte antes del desmayo.

De este modo, combinando estas dos técnicas se puede ir afrontando el temor a la sangre e irá disminuyendo el miedo y el malestar provocado por la exposición a estos estímulos a la vez que se previene los desmayos con la tensión aplicada.

Finalmente, ten en cuenta que si la fobia te está afectando mucho y te hace evitar situaciones importantes (como una revisión médica, por ejemplo) es recomendable que busques tratamiento psicológico para que te ayuden a superarla.

Referencias

Borda Más, M. (2001). Hematofobia : sincronía en el triple sistema de respuestas. Revista De Psicopatología Y Psicología Clínica, 6(3), 179–196.

Pinel, Luis  y  Redondo, Marta María (2014). Abordaje de la hematofobia y sus distintas líneas de investigación. Clínica y Salud. 2014, vol.25, n.1, pp.75-84. ISSN 2174-0550.

Trijueque, David. (2012). Exposición gradual y tensión aplicada en un caso de hematofobia. Praxis: revista de psicología, ISSN 0717-473X, ISSN-e 2735-6957, Nº. 22 (II Semestre), 2012, págs. 25-44

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